Contractura Muscular Y Su Tratamiento

Contractura Muscular

Las contracturas son lesiones muy habituales, no solo entre los atletas, también se dan entre personas sedentarias, mayores, con ansiedad o bien que adopten malas posturas.

Te enseñamos de qué forma tratarlas y prevenirlas.

Qué es una contractura muscular

Contractura Muscular y Su Tratamiento

Contractura Muscular y Su Tratamiento

Como su nombre señala, la contractura muscular es una contracción del músculo, el carácter lesivo se encuentra en la continuidad de esta contracción de forma sostenida en el tiempo.

Evidentemente esta contracción permanente es involuntaria, quedando de esta manera la musculatura en incesante tensión.

Un músculo se contrae y se destensa, mas en ciertos casos, una zona del amplio tejido muscular no se relaja, y prosigue contraída.

Esta zona se sostiene dura y también hinchada, por eso el paciente nota un abultamiento al tacto, vulgarmente llamado ‘nudo’.

Una contractura no es una lesión grave, mas sí molesta y que nos puede impedir efectuar ciertos ademanes con normalidad y sin dolor, con lo que resulta conveniente saber identificarlas, distinguirlas de otros inconvenientes.

Seguir unas fáciles pautas para reducir al mínimo sus efectos y ponerse a cargo de un especialista en fisioterapia si deseamos acortar los tiempos de rehabilitación.

En condiciones normales, la recuperación puede fluctuar entre una y un par de semanas en dependencia de la gravedad de la misma.

Géneros de contracturas musculares

En las contracturas musculares se puede distinguir entre las producidas a lo largo del trabajo físico o bien las que aparecen con posterioridad a este, y las residuales, que acompañan a otra lesión.

A lo largo de un trabajo.

Al efectuar cualquier ejercicio el organismo metaboliza substancias activas para generar el movimiento.

Este proceso produce que esas substancias activas se conviertan en substancias de desecho o bien inactivas, los metabolitos.

Cuando el trabajo es elevado, así sea por la dureza del ejercicio, o bien por la carencia de adiestramiento, el organismo no consigue depurar estos metabolitos a través del torrente sanguíneo, que se amontonan y producen dolor e inflamación.

Posterior al trabajo.

En un caso así, la lesión aparece por la incapacidad del músculo de regresar a su estado de reposo.

A veces, tras un ejercicio intenso en el que el músculo ha sido sometido a una enorme carga de trabajo, este se ve inútil de reanudar su estado natural de relajación por la fatiga amontonada.

Residuales.

Tras una lesión grave (una ruptura de fibras, una fractura, un esguince, un fuerte traumatismo), la musculatura lindante a la zona lesionada tiende a contraerse como mecanismo de protección.

Esta contracción con fines protectores, hace que una vez remediada la lesión primordial, esa musculatura anexa quede contracturada.

Es lo que se llamaría contractura residual.

Causas de una contractura muscular

No hay una franja social en la que encuadrar la lesión por contractura, en tanto que es un daño muscular muy habitual, mas sí que existen generalidades en el momento de ser tendente a esta enfermedad.

Se podrían contar los próximos conjuntos de peligro en los que la aparición de contracturas musculares acostumbran a ser más usuales y las causas que las provocan:

Personas sedentarias

Una falta de actividad física provoca la ausencia de tonicidad muscular suficiente.

Así, en el momento en que una persona sedentaria o bien inactiva efectúa un esmero físico, su musculatura halla una imposibilidad de aceptar ese esmero, y aparecen las contracturas por sobrecarga.

En paralelo, un exceso de actividad, o bien de una intensidad excesiva, pueden provocar exactamente el mismo patrón lesivo.

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Pese a tener una genial condición física, si las actividades a efectuar superan las capacidades para aceptarlos, nos hallamos con exactamente el mismo inconveniente del tipo sedentario: desequilibrio entre esmero y capacidad de contestar a este esmero.

Personas mayores

Es inherente al proceso de envejecimiento la pérdida de elasticidad en músculos y articulaciones.

Esta mengua en las capacidades motoras hace que cualquier actividad diaria y rutinaria se transforme en un sobreesfuerzo, y las musculatura desgastada se contracture con mayor sencillez.

Personas con ansiedad

Este fenómeno cada vez cuenta con más afectados, en tanto que el número de personas sometidas a fuertes situaciones de ansiedad crece de manera vertiginosa.

Una situación de estas peculiaridades hace que el paciente tensione de manera involuntaria y continuada sus estructuras musculares, creando de esta forma las contracturas.

Personas con trabajos predisponentes

Existen trabajos que precisan de actos potencialmente lesivos para su desarrollo.

No necesariamente deben ser trabajos físicos o bien con cargas de peso, un administrativo por poner un ejemplo, que continúa sentado a lo largo de su jornada de trabajo, puede padecer contracturas en la espalda si no adopta una adecuada higiene postural.

Contracturas en atletas

Como resulta lógico, las personas que practican un deporte específico, en el que se repiten consecutivamente movimientos de una manera continuada, son susceptibles de padecer esta lesión.

El nivel del atleta y el grado de demanda deportiva van a ser el factor determinante que va a marcar la frecuencia de la aparición de las contracturas y el grado de gravedad de las mismas.

De esta forma, un atleta eventual y poco exigente no padecerá exactamente las mismas lesiones que un contendiente de élite.

En este apartado se debe hacer un inciso para matizar los deportes con mayores posibilidades de provocar una contractura, puesto que se una parte de la base de que cualquier deporte consiste en reiterar un ademán y por tanto, desde esa perspectiva, cualquier deporte tiende a crear contracturas.

Deportes de impacto.

En deportes como el atletismo o bien el baloncesto, la musculatura de estos atletas está expuesta a “fuerzas de choque” y debe aguantar un trabajo de absorción de impactos.

Un maratoniano que cubra la distancia en 3 horas, va a dar cerca de 35 mil zancadas, lo que suponen 35 mil pequeños impactos que sus piernas deben absorber.

Un baloncestista brinca en torno a cuarenta veces en un partido, teniendo presente que el peso promedio de un baloncestista profesional ronda los 100 kilogramos, y se elevan del suelo entre cincuenta y setenta centímetros del suelo, se puede finalizar que las piernas de un baloncestista deben amortiguar ciento sesenta kilogramos cuarenta veces por partido.

Por consiguiente, los deportes de alto impacto son más tendentes que los de bajo impacto.

Por deportes de bajo impacto nos referimos a la natación o bien al ciclismo, que están ausentes de “fuerzas de choque”, y la musculatura de estos atletas está exenta de aguantar ese trabajo de absorción de impactos.

Deportes de acción balística.

Se comprende como deporte de acción balística todo deporte que requiera un ademán veloz y violento para desarrollarse.

Un ademán veloz y violento es un remate de un jugador de vóleibol, el golpeo a portería de un futbolista, el lanzamiento de un atleta (así sea de martillo, jabalina, disco o bien peso).

Son ademanes que, a veces, pasan a ser incontrolados debido a la velocidad de ejecución, forzando de esta manera a la musculatura a aguantar unas tensiones mayores y provocando las contracturas.

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Deportes como el ciclismo, el patinaje, la natación, o bien la carrera continua evitan estos movimientos balísticos.

Deportes de tren superior.

La musculatura humana es diferente conforme la zona del cuerpo que ocupe.

De esta forma por poner un ejemplo, los músculos de las extremidades son cilíndricos, y los de la espalda planos.

La tendencia a las contracturas es mayor en musculatura plana que en cilíndrica, entendiendo por consiguiente que la musculatura de la espalda es más fácil de contracturar que la de las extremidades.

Teniendo presente esta premisa, todo deporte que implique un mayor esmero del tren superior va a suponer una mayor predisposición a las contracturas en frente de un ejercicio del tren inferior.

Síntomas y diagnóstico de una contractura muscular

Los síntomas más propios y comunes de las contracturas musculares son el dolor y la restricción de movimientos.

Los dos factores ofrecen un extenso abanico de gravedad, en tanto que en ciertos casos las contracturas pasan de ser pequeñas molestias sin óbice alguno a lesiones absolutamente invalidantes.

La sintomatología fluctúa en función de 2 parámetros: zona perjudicada y extensión de la contractura.

Centrándonos en el primer factor, hallamos por poner un ejemplo que en zonas altas del cuerpo, como puede ser el caso de la zona cervical, las contracturas llegan a provocar cuadros realmente beligerantes como mareos, vértigos, migrañas…

Un síndrome de escalenos (atrapamiento del bulto vásculo-inquieto del cuello, por inflamación o bien contractura del vientre muscular de los músculos escalenos) provoca sensación de pesadez del brazo, dolor profundo, o bien parestesia y manos frías.

Un músculo piramidal que aumenta su grosor a raíz de una contractura puede comprimir las estructuras lindantes y también inducir una falsa ciática.

En lo que se refiere al segundo factor, la extensión de la contractura, está claro que una mayor dimensión de la contractura destacará y agudizará los efectos citados.

Diagnóstico de una contractura muscular

La diagnosis pasa por una adecuada interpretación de los síntomas que manifestará el paciente.

Más tarde, el diagnóstico se va a centrar en la palpación de la zona afecta, en pos de abultamientos o bien zonas musculares con mayor tensión.

Un amplio muscular ofrece una resistencia determinada a la palpación mientras que se deslizan los dedos sobre este, y hallar un punto con mayor resistencia querría decir que, en ese punto específico, las fibras musculares están contraídas.

Esta consideración, unida a la señal de dolor que provocará al paciente la palpación de ese punto, comprobará la presencia de una contractura muscular.

Del mismo modo, testando las restricciones en el rango de movimiento, se observará como el musculo lesionado no alcanza exactamente los mismos grados de movilidad que el músculo sano del lado opuesto.

Tratamiento de una contractura muscular

Debido al carácter leve de este género de enfermedades, el tratamiento de una contractura muscular se fundamenta en continuar unas fáciles pautas, merced a las que se pueden disminuir al mínimo e inclusive suprimir sus efectos sin precisar grandes rehabilitaciones.

Primeramente, se debe aplicar la propia lógica: distanciarse del mecanismo lesional.

Si un ejercicio o bien la reiteración de un ademán crea una contractura, se deben eludir estos ejercicios o bien ademanes.

El reposo, muy frecuentemente, es el mejor procedimiento de sanación.

Un tratamiento muy válido en los primeros estadios de la contractura, es la aplicación de calor seco en la zona perjudicada, como por poner un ejemplo el empleo de almohadas eléctricas.

El calor es un potente vasodilatador y contribuirá a la depuración sanguínea del segmento muscular, aparte de provocar una sensación inmediata de alivio por su efecto calmante y relajante.

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Los baños de contraste son otra forma de mitigar los efectos dolorosos de las contracturas.

Esta técnica se fundamenta en el empleo alterno del agua fría y el agua caliente, provocando reacciones consecutivas de vasoconstricción y vasodilatación, estimulando de esta forma la circulación en la extremidad tratada.

El empleo de la farmacología es un tratamiento más beligerante, más químico, mas con unos resultados inmejorables.

Cualquier antinflamatorio, así sea de ingesta oral o bien de aplicación cutánea, va a ayudar a la restauración de la zona dañada.

Los masajes.

El procedimiento más eficiente y natural de todos y cada uno de los expuestos previamente.

No existe mejor antídoto frente a una contractura que ponerse a cargo de un profesional de las terapias manuales para suprimir la enfermedad.

Las contracturas no responden a un patrón estándar en lo que se refiere a tiempos de restauración se refiere, siendo una cuestión de sobrecarga no se puede distinguir cuánto tiempo lleva cargándose esa zona.

Mas se puede establecer de forma genérica que una contractura ya fijada puede suponer un trabajo de 2 o bien 3 sesiones de fisioterapia, con sus días de reposo intermedio y una vuelta a la movilidad de forma progresiva.

Esto puede suponer entre una y un par de semanas desde el instante en que se trata la contractura hasta el momento en que se suprime por completo y el paciente puede regresar a su rutina frecuente con total garantía.

Prevención de una contractura muscular

Bien sea pues te termines de recobrar una contractura muscular o por el hecho de que tengas tendencia a padecerlas, la mejor manera de prevenirlas y eludir recaídas va a ser teniendo presente estos 4 puntos:

Eludir ademanes o bien movimientos repetitivos.

Si la contractura muscular se genera por la contracción sostenida en el tiempo, una reiteración incesante de una contracción favorece la aparición de esta.

Si es ineludible reiterar un ademán por motivos deportivos o bien laborales, es recomendable efectuar pequeñas rutinas de ejercicios de estiramientos y movilidad articular (de entre 5 y diez minutos) de las zonas expuestas a la lesión.

Estas rutinas se repetirían de forma periódica a lo largo de toda la jornada de trabajo o bien sesión de adiestramiento, por servirnos de un ejemplo una rutina de 5 minutos cada 2 horas de trabajo.

Adoptar una adecuada higiene postural, así sea en el sofá mientras que se ve la TV, en la silla de la oficina, o bien aun en el momento de dormir.

Una mala postura provoca contracciones forzadas de la musculatura de forma continuada; a mayor tiempo de postura incorrecta, mayor contractura se provocará.

Aparte de adoptar posturas adecuadas se debe emplear material que garantice estos principios, como una silla ergonómica para el despacho o bien un jergón de calidad para el reposo.

Ya antes de emprender ninguna actividad física, se antoja como indispensable un calentamiento acorde con el trabajo a efectuar.

Adquirir la temperatura muscular y la activación articular conveniente ya antes de un ejercicio es la mejor manera de prevenir una posible lesión.

Prácticamente todos los tratamientos y mecanismos para restauración de las contracturas expuestos en el apartado precedente son igualmente válidos como elementos prevención.

Los baños de contrastes, los masajes, o bien la aplicación de calor, son métodos que contribuyen a eludir la aparición de esta lesión.

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